La historia de la Formación Experiencial, puede remontarse a los tiempos de
Platón. Éste creía que los jóvenes de la época debían adquirir ciertas virtudes básicas (sabiduría, valentía, justicia, templanza), para llegar a ser buenos líderes. Igualmente, estaba convencido de que éstas se podrían adquirir mejor con una experiencia directa y dirigida, que se lograba al entrar en contacto con situaciones relacionadas con esas virtudes.
Siglos más tarde, aparece el "Pragmatismo", desarrollado por
William James. Su máxima afirma que las teorías, experiencias y aprendizajes, sólo poseen valor si son prácticas, si son aplicables a la vida diaria. Así, rechazando la abstracción extrema, las soluciones verbales, los principios fijos y los sistemas cerrados, se encamina hacia la concreción, la adecuación, los hechos y la acción.
Al inicio del s. XX, se inicia una reforma de la educación. Entre los nuevos filósofos de la educación tenemos a
John Dewey, quien empieza a aplicar el paradigma pragmático a la educación. De su trabajo, se asientan algunas bases del aprendizaje experiencial, como por ejemplo:
- Los individuos necesitan ser involucrados en
lo que están aprendiendo.
- El aprendizaje a través de experiencias dentro y
fuera del aula es vital.
- El aprendizaje debe ser relevante para los involucrados.
- Quienes aprenden deben actuar y vivir tanto para el presente,
como para el futuro.
- El aprendizaje debe facilitar, a quienes aprenden, su preparación para vivir en un mundo cambiante y en evolución.