
Una persona, llamada formador, explica a los participantes una serie de conceptos o ideas relacionadas, de las cuales se extraen una serie de conclusiones. Estas conclusiones pueden llegar a ser aplicables y, de alguna forma, incorporadas al repertorio de conductas de las personas. Posteriormente el participante se lleva a casa unos apuntes que, algún día, puede que llegue a repasar, además de unos recuerdos puntuales de la acción formativa, que, seguramente, irá olvidando con el tiempo.
El participante, en este tipo de formación, es un sujeto pasivo, que recibe conocimientos, y que, en cierta forma, no se hace responsable de su propio proceso de aprendizaje. Además, se trata de una formación centrada en los comportamientos y habilidades, que no incide en las creencias y valores de la persona.

Retención de conocimientos
Estudios del índice de retención de conocimientos establecen las siguientes cifras:
En un aula el índice de retención de conocimientos es de un 5% y en lecturas es de un 10%. En conjunto, un soporte formativo auditivo y visual puede llegar a un índice del 20%. Una demostración llegará al 25% y una discusión en grupo lleva al índice a oscilar entre el 15% y el 30%. Los métodos de la Formación Experiencial, al aprender haciendo, llevan ese índice al 75%.
Este alto índice de retención es debido en parte a que el participante se convierte en agente activo de su propio proceso de aprendizaje, responsabilizándose del mismo. Se trata de un modelo en el que, mediante dinámicas y simulaciones, se construyen metáforas de la vida real, y gracias al facilitador, el participante extrae sus propios aprendizajes de forma:




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